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Libertad, ansiedad y normalidad tras el Covid

Llegó el esperado ‘Día de la Libertad’. Se levantaron casi todas las restricciones del Covid en el Reino Unido (salvo para los viajes). Lo que ahora han sido «mandatos» quedarán en «pautas». Cayó de la noche a la mañana el distanciamiento social. Y no será obligatorio -sí recomendable- llevar mascarilla en el transporte público. Han reabierto incluso las discotecas, tras 16 meses de cerrojazo. La ola de calor ha hecho el resto y ha atiborrado las playas, en esta vuelta a la normalidad.


Unos critican la «irresponsabilidad» de Boris Johnson por abrir la espita en plena tercera ola (con más de 50.000 contagios diarios). Otros alaban su «audacia» y cuentan las horas para liberarse de la mascarilla (empezando por el príncipe Carlos). El ‘premier’ ha pedido en última instancia «prudencia y respeto» a sus compatriotas y ha hecho una llamada a la «responsabilidad individual». Todo es posible, incluido un ataque colectivo de ansiedad, que afecta ya al 40% de la población (según la London S. Bank University).


Para otros, la «ansiedad» está provocada por la restricción constante y esa sensación de sentirse vigilado a todas horas.
Y eso por no hablar de la ‘ansiedad’ inducida por los medios. Se supone que a estas alturas íbamos a estar protegidos por las vacunas, al menos en los países que compitieron por ser los primeros. Y sin embargo, el 46% de los vacunados con pauta completa en el Reino Unido teme contraer la enfermedad, el 40% evita tocar cosas y el 23% rehúye los espacios públicos.


«Hay un malestar subyacente por debajo de todo», certifica en ‘The Guardian’ el psicólogo Lee Chambers, especialista en bienestar laboral, que vaticina inevitables conflictos a partir de ahora. «Con independencia de nuestro nivel de ansiedad, intentemos ser amables con nosotros mismos, marcar claramente las fronteras y respetar a los demás».

Los 14 años, la edad crítica en la que surgen la mayoría de los trastornos mentales


Un macroestudio, con datos de más 700.000 pacientes de todo el mundo y coliderado desde Barcelona, detalla la edad en la que suelen iniciarse los diferentes trastornos mentales. Además de ser una herramienta para mejorar la atención preventiva hacia estas enfermedades, del trabajo se concluye que habría que actualizar el sistema de atención a la salud mental para que sea más flexible. El trabajo, realizado por investigadores del Instituto de Investigaciones Biomédicas August Pi i Sunyer (Idibaps), la Universidad de Padua y del King’s College de Londres y publicado por la revista ‘Molecular Psychiatry’, ha unido los datos de 192 estudios y 708.561 pacientes. De la muestra, la mayor utilizada en estudios epidemiológicos de estas características, se ha determinado que la edad en la que aparecen más trastornos mentales es a los 14 años, justo cuando el cerebro experimenta cambios madurativos importantes.
«Hasta ahora había algunas discrepancias entre estudios, pero ahora podemos afirmar con mayor seguridad que hay trastornos de edad adulta que arrancan en la adolescencia», explica a ABC Joaquim Raduà, uno de los autores del estudio y jefe del grupo de investigación del Idibaps ‘Imagen de los trastornos relacionados con el estado de ánimo y la ansiedad’.
De la puesta en común de los datos, para la que se crearon algoritmos y se chequeó información durante meses, también se ha concluido que la mayoría de trastornos mentales van apareciendo de forma ininterrumpida durante los primeros 25 años de vida. Además, se han podido conocer las edades medianas en la que se detectan varios trastornos, lo que significa que la mitad de los casos llegan antes y lo que da una idea de a qué edad se debería empezar a controlar precozmente su posible aparición.
Ansiedad por separación
A modo de ejemplo, se ha confirmado que la edad media de aparición la ansiedad por separación es a los 8 años, el trastorno del espectro autista a los 9, el trastorno por déficit de atención con hiperactividad a los 12 y la ansiedad social a los 13. Además, la anorexia nerviosa llega de media a los 17 años, el trastorno obsesivo-compulsivo a los 19 años o la esquizofrenia a los 25 años, mientras que el abuso de alcohol lo hace a los 27 años, la depresión a los 30 años y el trastorno bipolar a los 32 años.
«Para conseguir que un programa de prevención sea efectivo debe realizarse a la edad a la que comienza cada trastorno mental», destaca Raduà, quien insiste en que «es bueno que existan psicólogos y psiquiatras infantiles y adultos pero hay que mejorar la transición entre ambos para que no exista un cambio repentino de redes de atención». «Estamos fragmentando la atención justo en la edad más crítica y esto puede provocar el abandono de los tratamientos«, defiende el jefe del estudio.